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Es importante que seamos partícipes de una sociedad que trate a todos por igual 

En algún momento de nuestras vidas, todos nos hemos quejado por el caos de la ciudad en la que vivimos, pero, ¿hacemos algo al respecto? Pareciera que, a medida que pasan los años, es más difícil desenvolverse en un contexto que no esta acondicionado para todas las personas. Vemos como no existen suficientes rampas requeridas para adultos mayores, ni suficientes lugares para que ellos tengan espacios de esparcimiento, por lo que nuestra actitud hacia ellos es clave al momento de convivir dentro de la sociedad que compartimos. Si ahondamos un poco en esta situación veremos, que podemos hacer muchas cosas para ayudar a que esto disminuya.

Nuestro deber de construir

La solidaridad es una herramienta que nos permite convivir adecuadamente y permanecer en un ambiente más tranquilo. Es un valor muy importante en los seres humanos, por lo que debemos construirlo a diario. La solidaridad se evidencia en muchas circunstancias, ya sea cuando sucede una catástrofe natural o en etapas de crisis de un país. Sin embargo, en nuestro día a día podemos ser solidarios de diferentes formas.

¿Debemos ser solidarios solo con nuestros pares?

No, si alguien necesita ayuda prestémosela, sin importar de quien se trate, si es un desconocido o la edad que tenga, esas variables deben independientes de lo que hagamos. La solidaridad no tiene condiciones, cuando alguien atraviesa por alguna dificultad, ofrezcamos nuestra ayuda sin tener en cuenta, género, edad o situación económica. Por ejemplo, si vemos que una persona lleva muchos paquetes de compras, siempre podemos darle una mano.

¿Mostramos nuestro lado más humano?

La cooperación dentro de una sociedad está directamente relacionada con la inclusión. Rechazar a personas por su procedencia o características, es discriminación. Así que, si consideramos que tenemos un alto grado de compromiso social, veamos qué tanta coherencia hay en nuestras acciones.

Desde nuestro hogar demos el ejemplo, ayudémonos entre quienes integramos la familia, promovamos que los niños tengan conductas proactivas con los demás miembros. La solidaridad debería ser una filosofía social, esta implica muchos detalles, desde orientar a alguien con una dirección, hasta ayudar a un adulto mayor a cruzar la calle.

 Beneficios de ser solidarios

Tener conductas sociales adecuadas nos favorece de muchas formas. El hecho de ayudar al otro, incrementa nuestra capacidad de ponernos en su lugar, lo que a su vez nos beneficia mejorando nuestras relaciones.

Por otra parte, ayudar genera una satisfacción personal, que da pie al buen humor y a sentirnos orgullosos de nosotros mismos.

Solemos aprender a través del modelamiento, lo que quiere decir, que aprendemos y hacemos de lo que vemos. Así, si somos solidarios, nuestro ejemplo puede ser adoptado por otras personas que tal vez ni siquiera conocemos.

Aprovechemos y demos lecciones de vida en cualquier momento. Tengamos en cuenta al adulto mayor como nuestra responsabilidad, asimismo seamos parte de su integración, valorándolos y al hacerlos partícipes para convivir adecuadamente.

Ejercitemos una escucha activa, una disposición positiva, recordemos que la eterna juventud es un mito. Construyamos para nuestros adultos mayores un lugar donde quisiéramos vivir nosotros mismos. Recordemos que somos seres sociables por naturaleza y aislarnos puede enfermarnos. Ayudar a otros es una linda manera evitarlo.